Un viaje por el mar, los barcos y el modelismo naval
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Martes, 10 de mayo de 2005
Como ya apuntamos en el capítulo anterior, a principios del siglo XIX la ruta más importante en América para el comercio y el transporte de mercancías era la de los grandes ríos. Con la invención de los motores de vapor, barcos con ruedas de palas grandes podían remontar los ríos a contracorriente. El primer vapor para el servicio fluvial fue el “New Orleans”, construido en 1811 por Nicholas Roosevelt y diseño de Robert Fulton.
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El “Pittsburgh Magazine Almanack” de 1811 recogía así la noticia: “una empresa ha sido creada con el objetivo de navegar el río Ohio, en grandes barcos, propulsados por el poder del vapor. El barco tiene una quilla de 138 pies, calculada para la carga de mercancías y pasajeros entre Pittsburgh (Pennsylvania) y las cataratas de Ohio. La idea de los propietarios es tener seis barcos para cubrir la línea entre las cataratas y New Orleans (Luisiana), y cinco entre aquellas y Pittsburg”.
Unos años antes, en 1808, Fulton y Livingston, que eran los encargados de suministrar el capital, habían enviado a Roosevelt a Pittsburgh para investigar la viabilidad y perspectivas de un posible servicio de buque de vapor sobre los ríos Ohio y Mississippi hasta New Orleans, habiéndose asegurado antes su monopolio. Concesión que acabaría, años más tarde, en el Tribunal Supremo y que sentaría las bases de la jurisprudencia americana sobre el tema.
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Los únicos medios de transporte a New Orleans, donde Roosevelt debía concluir el estudio, eran los barcos de quilla, barcazas, y barcos planos ya descritos. Ninguno de ellos satisfacía su objetivo y, como la exactitud de su informe era más importante que la velocidad del viaje, decidió construir un barco plano con todas las comodidades necesarias para él y su esposa.
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Según relata la Sra. Roosevelt: "El viaje en el barco plano ha comenzado en Pittsburgh, donde el Sr. Roosevelt lo había construido, con un enorme cuarto que contiene un dormitorio cómodo, una cocina con chimenea y despensa, y otro cuarto enfrente para el resto del equipo. La cubierta del barco es plana, con asientos y está tapada por un toldo. Nosotros tenemos a bordo un piloto, seis operarios y un cocinero. Siempre fondeamos por la noche en las orillas del río. El Sr. Roosevelt sale constantemente con dos o tres hombres para comprobar la rapidez de la corriente. El tiempo empleado en el viaje entre Natchez (Mississippi) y New Orleans en el bote de remos fue de nueve días. Dos de estas noches fueron pasadas bajo techo, cuatro en el barco, sobre la orilla, escuchando a los caimanes arañando sus costados y las tres restantes encima de un traje de búfalo sobre una playa de arena, imaginando, a cada momento, que algo terrible podría pasar antes del amanecer. Llegamos a New Orleans en diciembre de 1809 y regresamos por mar a New York, en el primer barco que encontramos, a donde llegamos a mediados de enero de 1810, después de un viaje de nueve meses.” Hay que tener en cuenta que entre Pittsburg y New Orleans hay, por tierra, 1480 Kms. de distancia.
Roosevelt era un hombre entusiasta y optimista que había sido contratado para una empresa casi imposible. Sin embargo, no se limitó a elaborar el informe sobre los ríos, descubriendo, entre otras cosas, que el peligro vendría de las cataratas y no de la corriente, sino que buscó y encontró el carbón necesario a las orillas del Ohio, comprando y poniendo en funcionamiento las minas. Tan seguro estaba del éxito del proyecto que amontonó el combustible sobre la orilla en previsión de su posterior utilización, pues su informe debería convencer a los dos socios capitalistas, sin cuya ayuda su sueño se desvanecería.
Esta exploración preliminar resultaría vital para la futura navegación a vapor, sobre todo si tenemos en cuenta la escasez de información de la que se disponía en la época, tanto geográfica sobre los ríos como científica sobre la máquina de vapor.
A la vuelta de Roosvelt a Pittsburgh, para supervisar la construcción del barco y del motor que lo propulsará, decide llamarlo “New Orleans” y construirlo en el astillero de esa ciudad, que había sido creado en 1801 por un grupo de franceses llegados de Philadelphia. Hasta ese momento, la construcción de barcos lejos del océano parecía una tarea imposible.
Por: Navegante | El Mar | Comentarios (1) | Referencias (0)